Se vive un momento curioso dentro de la música electrónica. Nunca antes había existido tanta música disponible para un DJ como ahora. Plataformas digitales, catálogos infinitos, promos exclusivas, sellos independientes y una cantidad inmensa de productores lanzando música todos los días hacen pensar, en teoría, que esto debería traducirse en una escena más diversa, más rica y mucho más arriesgada. Sin embargo, muchas veces ocurre exactamente lo contrario.
Hoy es cada vez más común escuchar sets que suenan demasiado parecidos entre sí. Cambian los nombres, cambian las ciudades, cambian las cabinas, pero la selección musical termina girando alrededor de los mismos tracks, los mismos edits y las mismas fórmulas. Y aquí es importante hacer una aclaración: no hay nada de malo en tocar un track popular. La música buena sigue siendo buena, incluso si muchas personas la están tocando. El problema aparece cuando eso se convierte en el centro absoluto de una propuesta artística.
Es ahí donde la búsqueda empieza a desaparecer, donde el criterio se limita a lo que está funcionando y donde el riesgo se reemplaza por la comodidad. En muchas escenas ocurre algo muy particular: sale el “hit del momento” y de inmediato empieza a sonar en todas partes. Un DJ toca la versión original, otro toca un remix, otro un edit, otro un bootleg, pero al final la idea sigue siendo exactamente la misma. Cambia la forma, pero no cambia el fondo.
Y eso, poco a poco, termina afectando al público. Porque cuando una pista escucha constantemente las mismas estructuras, los mismos drops y las mismas referencias, su oído empieza a acostumbrarse a lo inmediato, a lo conocido y a lo predecible. Esa repetición limita la curiosidad y, con el tiempo, también limita el crecimiento de una cultura. Porque una escena sólida no se construye únicamente repitiendo lo que ya funciona; se construye proponiendo, mostrando caminos nuevos, arriesgando sonidos distintos y ampliando el universo musical de quienes están al frente de la cabina.
Ahí es donde aparece una de las responsabilidades más importantes del DJ. Más allá de mezclar bien o de tener buena técnica, un DJ también debería ser un buscador: alguien que investiga, que escucha, que descubre y que entiende que su labor no es solamente entretener, sino también aportar algo diferente. Porque la verdadera diferencia entre un DJ y otro no debería medirse únicamente en cómo mezcla, sino en lo que decide poner, en el criterio con el que construye su set, en la identidad que proyecta y en la capacidad que tiene de sorprender desde la selección.
Cuando todos tocan lo mismo, esa diferencia empieza a desaparecer. Y cuando esa diferencia desaparece, la escena también pierde algo fundamental: personalidad. Tal vez el problema no es que todos estén tocando buena música. Tal vez el problema es cuando todos están tocando exactamente la misma.
Y en una cultura que nació precisamente de la exploración, de la búsqueda y del riesgo, quizás ha llegado el momento de volver a preguntarnos algo simple: ¿estamos construyendo una escena o simplemente la estamos repitiendo?
Author
Jhon Gutierrez
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